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Artículos Viejos
¿QUIERES DISFRUTAR DEL SER O SOLO PENSAR EN ELLO?

EL SENTIRSE BIEN CON UNO MISMO PODRÍA DAR SENTIDO A NUESTRA EXISTENCIA.
¿Qué camino natural utilizar para acercarse a uno mismo cuando lo que creemos que somos son solo vivencias y recuerdos, aparte de lo que otros nos cuentan sobre lo que debemos ser? El recurso que proponemos para conocernos realmente es dirigir la atención hacia nuestro interior. ¿Cómo sacarle provecho a cada aliento? 
Sabiduría es conocer el designio que lo gobierna todo a través de todo (Heráclito s.VI a.C.). Saber y conocer, vivir y sentir, dos mundos contrapuestos y complementarios que germinan en el presente. Pues en el momento presente yace la semilla que marcará nuestro destino; en el supuesto de que todo es un semillero de dioses. Por otro lado, vivir en el aliento de forma absoluta sin pensar en el pasado, sin creer en el futuro puede ser la vía, como dijo  Platón: "El presente es una imagen movible de la eternidad". 
Sabiduría es, pues, la verdad que uno alcanza sin la opinión de nadie. Mirar, sentir y respirar, quizás sean las claves. Luego, sacar conclusiones sin prisa. Es el momento de conocerse a uno mismo.     



Filosofía helenística

Lunes, 20 enero a las 13:27:28

lapazesposible, oncologíaLa unidad que yace en la pluralidad 
Alejandro Magno conquista el imperio persa en el s. IV a. C., desde Egipto hasta la India, y Grecia es ahora el centro del mundo. ¿Pero es posible que tal triunfo arruinara las ciudades-estado y diera al traste con la democracia? Los sucesores de este discípulo de Aristóteles guerrean entre sí, faltos de sabiduría, carentes de gobernanza y de sentido común. Y las guerras solo traen decadencia, sufrimiento, pobreza y superstición: el comercio queda interrumpido, crece la pobreza, se multiplican los impuestos. Se vende a los hijos como esclavos para pagar a la soldadesca, que entorpece el ejercicio de la justicia apoderándose de las tierras, que esclaviza a sus dueños y lo sume todo en un desorden económico, social y moral. 
Por ende, el pensamiento griego languidece, casi mil años más en las escuelas de los grandes filósofos. ¿Y eso? Porque ahora, los hombres de ciencia, los sofistas, se buscan la vida como funcionarios en las nuevas ciudades de Alejandría, Antioquía, Rodas y Pérgamo. Son abogados, enseñantes, administradores de justicia, gramáticos y retóricos -retor-, escritores de temas religiosos e históricos. En esta confluencia de culturas, de credos, proliferan los cultos y sectas: Serapis, Mitra, cristianos recién llegados y neoplatónicos, gnósticos, pitagóricos y herméticos, mazdeístas... Se busca en la fe la bondad y el amor, providencia y felicidad, valores que ya no se atribuyen a los viejos dioses que han traído la desgracia, la adversidad y la incertidumbre de los tiempos. Unos dioses que envidiaban a los hombres y los castigaban sin motivo, y que ahora se han vuelto crueles y olvidadizos. En este sincretismo religioso se añora con temor y esperanza cualquier señal, el mínimo indicio de los cielos; se vive a corazonadas, se interpretan los sueños, surgen premoniciones de las coincidencias más inverosímiles, se visita al astrólogo por el vaivén de los astros, el vuelo de las aves, el caer de las tabas, el destino o el azar; se recurre a los oráculos y surgen milagros por doquier. 
Quizá los tiempos de superstición y de crisis de valores sean los momentos más álgidos de la piedad; una piedad de desbocada inflación, de incesante búsqueda, de liberal interpretación de la realidad; que por fuerza, se vuelve creadora, aunque poco productiva. Quizá nos falte en este tiempo que vivimos una conexión con la unidad, esa metafísica del origen, la fe en el ser, el recurso a la ley que “lo gobierna todo a través de todas las cosas” (Heráclito) y sin necesidad de providencia. ¿Habremos olvidado que el ser habita en la piedra, en el ave, en el viento, y en el corazón del ser humano?

Feliz Navidad 2019

Lunes, 30 diciembre a las 15:21:42

la paz es posible, filosofía, Sócrates, Platón Año nuevo, nuevo ciclo, esperanza nueva. 
Ante el inicio de un Nuevo Año siempre nos volvemos atrevidos augures, nos deseamos lo mejor y esperamos que así sea, pero apenas reparamos en cómo lograrlo ni con qué contamos para alcanzar tan felices promesas. Si es cierto que no suele darse un para qué sin un porqué, ni un viaje sin saber a dónde ir, como tampoco un final feliz sin merecerlo, consultemos la sibila del sentido común, pues ser agorero eficaz requiere conocer las causas que llevan a un final alcanzable. Por cierto, algo que nunca se logra sin esfuerzo. Luego, lo más sensato sería medir nuestros recursos, compaginar saber y poder con llegar a ser. Porque lo que somos en este fin de año solo proviene del esfuerzo que hicimos en el anterior. La clave está en si lo que deseamos y nos propusimos era lo mejor o no lo era. ¿Qué era lo mejor para que siga siendo deseable? 
 No deja de impresionarme esta cita de Heráclito: “Sabiduría es conocer el designio que lo gobierna todo a través de todas las cosas”. En esta cavilación griega no tiene cabida la providencia, ni el azar, ni el destino. Todo está a nuestro alcance, hasta lo más sublime. ¿Y con respecto al esfuerzo, qué precio hemos de pagar para lograrlo? ¿Es lo sublime algo inalcanzable porque requiere un esfuerzo sin límites o porque lo hemos definido como inalcanzable? 
Para Heráclito, si el designio lo gobierna todo a través de las cosas y estas son limitadas, no parece imposible volverse sabio. El medio a través del cual se manifiesta ese designio es bien finito. En cambio, nuestro esfuerzo cuando alcanza su límite nos parece infinito, pues los resultados son siempre inesperados. Sin duda que ese designio griego es el Bien. La cuestión es si se trata de alcanzarlo o de sentir que lo hemos alcanzado de alguna forma. 
 Creo que Whitehead decía que “donde acaba el yo empieza el ser”. Puesto que el designio lo envuelve todo, ¿por qué no desear llegar a sus límites cuando esos mismos límites son los nuestros? Este es mi mejor deseo para Navidad: que quien pueda alcanzar ese límite y sepa donde mirar, que contemple su belleza.

Felices sin política. Epicuro.

Sábado, 21 diciembre a las 14:09:45

la paz es posible, filosofía, Sócrates, Platón Epicuro y la política ¿Por qué Epicuro, a contra corriente, no se interesa por los asuntos de la polis y prefiere la amistad de los suyos en el sosiego de su Jardín? Ataraxia era la anhelada paz de espíritu, la ausencia de perturbaciones que causan el sufrimiento. Y eso, a duras penas se halla en la política. “Por exceso de honestidad se abstuvo de la política”, nos recuerda D. Laercio (X, 10). Lo cierto es que su concepto del placer era tan amplio y sus necesidades tan precisas y escuetas que ser feliz no debió resultar una gran hazaña para estos atomistas del s. IV a. C.: “Envíame una tarrina de queso para que, cuando me apetezca, pueda darme un festín” (X, 11). Así era de prudente y frugal nuestro bondadoso filósofo, para quien el fin de la vida residía en el placer. Pero no el placer burdo como lo calumniaban rabiosos los estoicos, sino en tanto respuesta a la necesidad que demanda el cuerpo y el espíritu. Un placer que lo identifica con la virtud: “De la prudencia nacen las demás virtudes, porque enseña que no es posible vivir placenteramente sin vivir sensata, honesta y justamente”. 
Más bien por sostener que el átomo y el vacío eludían la necesidad de una Providencia pareció ser lo que suscitó las iras de muchos. Tal materialismo, grandioso en su simplicidad, resultaba una bofetada a la duplicación de mundos en Platón, y una blasfemia al negar que la Providencia dirija todo desde lo alto. Ahora podía explicarse el movimiento con el átomo cayendo en el vacío y sin la intervención de los dioses. 
 Resumiendo, Epicuro basaba la felicidad en la superación del sufrimiento y la ausencia del dolor. Los deseos respondían al requerimiento de la Necesidad. Cuando el cuerpo necesita agua o alimento, el deseo de satisfacer la sed y de comer nos hace felices. ¿Y dónde echaba sus raíces la necesidad sino en la “Ley que lo gobierna todo a través de todas las cosas”, como diría el viejo Heráclito (s. VI)? Entonces, la necesidad deviene en el secreto íntimo de lo divino, puesto que la divinidad, a pesar de su visión materialista del cosmos, “es un ser vivo, incorruptible y feliz” (Carta a Meneceo). Así pues, no tiene por qué ser ateo el materialismo, como estamos viendo. Feliz Navidad a todos.

Tiempos de difuntos

Miércoles, 23 octubre a las 19:21:27

la paz es posible, filosofía, Sócrates, Platón Tiempo de difuntos en la Grecia clásica 
Cuenta Platón en el libro X de La República la historia de Alcino y el mito de la caverna. Un hombre muerto que volvió del más allá para decirnos qué vio a los del aquí y del ahora, los que permanecemos en la cueva. “Después de abandonar el cuerpo, su alma caminó con otras muchas por una pradera maravillosa”. Viene a hablarnos entre símbolos y metáforas del reajuste y equilibrio que la justicia impone a todos los seres y, como en un ciclo eterno, las almas eligen una nueva vida de acuerdo con los hábitos de la anterior: “Siempre que se elija sensatamente y de acuerdo con la elección, habrá una vida dichosa y carente de males” (619 c). La noción de purificarse y reencarnar, y de salvación están presentes en los ritos mistéricos griegos. Un pensamiento religioso, el griego, que brindaba a los iniciados una experiencia espiritual, algo mucho más que imposible de aceptar hoy en día. Después de dos mil años de una relación ética y legal con lo divino: del yo cumplo y tú me das; del yo creo y ya veremos, ¿qué se puede esperar sino el vacío de un Dios desterrado? ¡Qué sabio pragmatismo el de aquellos primitivos griegos! Y eran tan “primitivos” que aún creían en los dioses, pues los filósofos no se planteaban ni siquiera su existencia. 
Hoy la historia de Alcino pertenece al mundo irreal de los sueños, al de los mitos, a la locura irracional de un vulgo primitivo que se atreve a experimentar el inconsciente llamado “más allá”. Sufrimos las consecuencias platónicas de dividir la realidad en materia y espíritu, de multiplicar sin necesidad las entidades cuando ya nos bastábamos con las que tenemos. ¡Qué sabios los filósofos presocráticos al pensar que el Todo lo gobierna todo a través de todas las cosas! (Heráclito).Y qué lástima para quien no ha vivido aquellos misterios y que ahora nos niegan hasta la posibilidad de vislumbrar lo que pudo haber sido. Pero los paradigmas ideológicos cambiarán de signo y los físicos nos abrirán la ventana de una nueva metafísica, aunque sea la de la materia oscura, o la vuelta a Delfos quien sabe.

La República de Platón

Lunes, 07 octubre a las 00:39:41

Platón, un aristócrata honesto. 
Nuestro hombre llegó a la filosofía por la política y para la política, y casi perece a manos de un político. Mas no juzguemos la política de la Grecia clásica como escuela de falsedades, mentiras, traiciones y engaños como podemos ver la política actual, sino la convivencia bajo unos valores morales que daban razón de ser y savia a la armonía, la Ley y a la justicia. Eran tiempos difíciles, los del s. IV a.C. porque imperaba la corrupción, mandaba el capricho y denigraba el sistema la ambición personal. El gobierno de unos pocos, “oligo-arquía” divide la ciudad en pobres y ricos; unos viven para el lujo y otros de la mendicidad; tal desequilibrio viola la virtud y la justicia. 
Los filósofos se tornan, entonces, pedagogos salvadores, inquisidores de poetas y psicofantes -falsos testigos-, defensores de la bondad del simple, de la austeridad del pobre, de aquellos que la vida les ha privado del lujo y la riqueza. La solución pasaba por la educación del príncipe. Inculcando la justicia, el Bien y la verdad, creía Platón que los ciudadanos serían, a su vez, felices. Falacia de juventud, ¡por el perro!, como juraba Sócrates, seguramente en alusión a los cínicos. Como si el daimon socrático ya lo barruntara, pues veinte siglos después comprobamos que la felicidad no es asunto público, una gracia de los gobernantes, un don de la polis -como el sueño americano y el paraíso comunista-; sino más bien el trajín personal de uno mismo con la propia sombra de lo que uno no es, de su no-ser, de su propia mentira. Y es que esta falsa identidad les jugó una mala pasada a los filósofos al suponer que el ser humano tenía dos almas, la buena y la mala, como el oligarca la paz es posible, filosofía, Sócrates, Platóny el mendigo de nuestra historia; uno triunfa en la vida pero lo paga en el Hades, mientras que el pobre es feliz viendo humillado al prepotente en el reino de las sombras. Recordemos que Platón, en su intento, estuvo a punto de seguir a su maestro Sócrates, no por causa de la cicuta sino por las iras de Dionisio el Joven, tirano de Siracusa. Así que, no dejemos la felicidad en manos de los demás, ni mucho menos de los políticos, ¡por el perro!