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Artículos Viejos
¿QUIERES DISFRUTAR DEL SER O SOLO PENSAR EN ELLO?

EL SENTIRSE BIEN CON UNO MISMO PODRÍA DAR UN SENTIDO A NUESTRA EXISTENCIA.
¿Qué camino natural utilizar para acercarse a uno mismo cuando lo que creemos que somos son solo vivencias y recuerdos, aparte de lo que otros nos cuentan sobre lo que debemos ser? El recurso que proponemos para conocernos realmente es dirigir la atención hacia nuestro interior. ¿Cómo sacarle provecho a cada aliento? 
Necesitamos vivir el momento de forma absoluta sin pensar en otra cosa que no sea el presente. No existen ni el pasado ni el futuro. Como dijo  Platón: "El presente es una imagen movible de la eternidad".
Otro recurso es la VOLUNTAD. Con paciencia todo se alcanza. En Materiales encontrarás vídeos para centrar la atención y aprender a mirar dentro de ti mismo. No hace falta creer en las opiniones de nadie. Mira, siente y respira, más un poco de paciencia. Esas son las claves. Luego, saca conclusiones, sin prisa. Este puede ser el momento de estar con uno mismo.     
También puedes leer: comosentirlapaz.blogspot.com

El eterno retornar de la vida

Viernes, 19 abril a las 13:59:08

lapazesposible, voluntad, nietzscheLa voluntad de poder o el poder de la vida. 
Zubiri daba al ser el valor de una abstracción, lo consideraba una realidad ideal. Y tomaba a las cosas que pululan en el incesante caos del devenir como verdades sólidas. Nuestra realidad son las cosas, decía. Pero lo que se ve no es todo lo que hay, dice nuestro sentido común. Y pese a muchos empiristas que declinan la realidad del ser como un principio de las cosas, la existencia del big bang nos sitúa ante el origen mismo de tal primer principio. Y si entendemos “de-venir” como venir de algo, solo nos queda situar el concepto del ser más allá del inicial horizonte de sucesos que representa el big bang. Siendo el mundo una realidad, ninguna abstracción es capaz de generar realidades físicas.  

Algunos han llamado a este hipotético principio: ser, fuerza o voluntad; sin acertar a situarlo dentro o fuera del mundo, junto o sobre las cosas, estático o dinámico. Siguiendo este razonar, tenemos un principio activo (Leibniz), con poder de generar las cosas o Voluntad de poder (Nietzsche) que se derrama en la pluralidad de seres similares en algo a dicho principio, pero carentes de todo el poder de su fuente original. Se da así pie a considerar el bien y el mal como una semilla y una carencia respectivamente. Que tal voluntad de poder resida en la naturaleza generando cambios, produciendo seres nuevos y distintos no impide el considerar esta fuerza como algo permanente y eterno, atributos del ser en la filosofía clásica. Y en este eterno retorno de la fuerza florece la vida con su delicadeza, se acrecienta en sus nichos alimentado, exhibe, en la consistencia con que duran las cosas en el tiempo, su delicadeza, su amor escondido: la sed por retornar al origen o “entelequia” (Aristóteles). 
Es en este humus de consideraciones que busca el sentido a la vida el existencialismo, sin olvidar el ser, sin renunciar al caos, considerando las posibilidades desde los propios límites, como la capacidad de una vasija se conoce al llenarla hasta el mismo borde. Todo un “resurrexit” en este viernes santo. (Para Amelia).

Lo que la diferencia esconde

Jueves, 11 abril a las 12:29:54

prem rawat, Nietzsche, Leibniz, Sartre, Whitehead, filosofía, la diferencia
¿Qué encanto oculta la diferencia?
¿Por qué nos lleva la naturaleza a ser diferentes cuando lo que nos sienta mejor es el amor? ¿Podríamos, explorando la diferencia de seres, entender nuestra relación con la unidad del origen? Si el Primer principio, dado que existe lo que nos rodea, es activo (Leibniz), su capacidad de generar seres diferentes ha de ser tan eterna como el principio mismo. Por tanto, el pensamiento del ser y el devenir de las cosas han de corresponderse: devenir y ser han de ser uno y lo mismo. Pues no podemos olvidarnos del ser sin perder el mundo del devenir (Nietzsche). Es decir, que la pluralidad conlleva la noción de unidad del mismo modo que la ausencia de algo supone que, de alguna forma, se conoce lo que está ausente. Porque en las cosas se oculta el motor, la fuerza de lo imponderable; que de forma innata nos lleva a sospechar de su existencia. 
Y ahora nos preguntamos, ¿cómo íbamos a ver lo diferente como inefable si no viniera sazonado con el don del misterio o el asombro del despertar? Pero no despertar para luego dormir mejor en el fijo trasiego de la vida. Esa no sería una buena opción ante el encanto de vivir el presente continuo; que, inefable en su plenitud, solo se da a conocer a quien está dispuesto a olvidarse de sí mismo. ¿Pues entonces, a qué hemos venido -se preguntará el dormilón de sueños-, si esto es muy entretenido, viendo cosas siempre distintas, sucesos siempre nuevos, nadando en los cambios de la noria del tiempo? Sí, mas el devenir distrae hasta colmarse así mismo de hastío y aburrimiento (Sartre). Curiosamente, al percibir la náusea estamos a salvo de ser solo náusea. Ha de ser sentida desde otra cosa, desde otro estado de ánimo, desde algo más. 
Creemos que solo el misterio es capaz de despertarnos y con su asombro llenar el vacío de lo temporal. Por ende, la cosas, para ser inefables, deberían ser contempladas en su consistencia y en su novedad, en un presente siempre nuevo, siempre diferente y ¿por qué no?, siempre divino, excelso en sí mismo. ¡Qué juego tan grandioso nos espera!, el olvidase de uno mismo con el esfuerzo de la voluntad para reencontrarnos en un universo que no es el mío. En los límites del yo reside el ser, que diría Whitehead. Y entonces, como en el amor y en el saber, no anidará el temor a que retorne el devenir con su vacío y hastío; porque con su vuelta, se volverá a manifestar lo nuevo; así se presenciará el continuo encanto de vivir el presente eterno.

Las diferencias dividen

Viernes, 29 marzo a las 11:47:14

prem, filosofía, la diferencia, Heidegger, Nietzsche
Reflexión sobre la diversidad y la diferencia. 
Diversidad se entiende como diferencia, como lo dispar y complejo que se muestran los seres en su multiplicidad. Siendo estos muchos en número, lo asombroso es que son todos diferentes. Pero no absolutamente distintos de los más cercanos, pues los descendientes lo tienen casi todo de sus progenitores. No hay dos orquídeas idénticas, ni dos planetas iguales. Lo que nos separa de nuestros congéneres es insignificante, lo suficiente para mostrar que esa mínima diferencia solo es posible desde la unidad que los engendra. Sin embargo, al ser lo esencial lo que menos se hace notar, el devenir nos arrastra al olvido del ser (Heidegger). 
¿Solo nos fijamos en lo diferente como forma de subsistencia o es la diferencia nuestra forma de ser? ¿Y qué nos enseña la diferencia como núcleo de la diversidad? ¿De dónde surge la diferenciación en las especies? 
Viendo que hay seres que no han evolucionado en millones de años y otros que sí lo han hecho, podríamos pensar que la diferencia que se muestra en la diversidad es consecuencia de la adaptación de los seres al medio físico. Por ende, el objetivo de la naturaleza no es la variación sino la supervivencia. Pero, sobrevivir, ¿para qué? Que la naturaleza no conozca la causa final o ignore su tremenda capacidad de generar seres, no nos impide admirar su belleza ni disfrutar del encanto de estar ahora en este mundo (Nietzsche). Estamos capacitados para conocer, disfrutar y sentir nuestros propios límites. Quizá este ir-más-allá de un mismo, a lo que menos se hace notar, sea la forma de volver-a uno-mismo, “siempre que seamos capaces de pensar el ser y de superar el olvido del ser”, en palabras de Heidegger. Esta puede ser la clave: pensar el ser y/para no dejar de ser.

UNIDAD Y PLURALIDAD

Jueves, 21 marzo a las 11:59:03

la paz es posible, filosofía, Heidegger, Nietzsche
Reflexión sobre la Pluralidad.
La “Pluralidad” y la diversidad son consecuencias del poder generador que encierra la materia. Una simple observación de la naturaleza nos muestra en ella los cambios constantes, la evolución de los individuos siempre distintos que pueblan de números los géneros y las especies. Un universo sobrecogedor de seres y formas de ser, de mundos inimaginables, de planetas de hielo, de mundos de diamante, de seres insospechados... ¿Pero qué relación mantienen todos los seres y cosas con la unidad original, con el Primer Motor?
En primer lugar, la pluralidad presupone tanto la existencia de la unidad en su momento inicial, como la cohesión con el origen durante su devenir y la razón de ser en su finalidad. Pero lo que se nos muestra como distinto no resulta serlo tanto; por aquello de que lo producido por otro ha de conservar buena parte del original. Un sencillo ejemplo lo muestra el número uno: que, siendo el primero y el origen de todos los posibles, aparece en todos los demás números. De él derivan los otros como de la Unidad los seres. Y en esta bipolaridad de lo uno y lo múltiple, parece que el Uno se rebosa a sí mismo en su plenitud (Eckhart), y lo variado busca la quietud del equilibrio armonizándose con la Unidad. Esta búsqueda natural del ser del ente, que Aristóteles llamó “ente-lequia”, es el amor eterno que atrae a las criaturas hacia el Autor. La esperanza es, pues, posible. Además, esa capacidad de transformar y de movimiento, el cambio constante que observamos en las cosas, el evolucionar para dar nuevas especies ¿reside en el hecho de la distinción o en lo que queda en ellos del Principio original? ¿Es la diferencia el motor o la consecuencia del cambio? Porque si la pluralidad no es el motor, la filosofía de la diferencia se reduciría a un mero sentimiento estético, a una cuestión de lenguaje o de estilo. Y si el motor residiera en la unidad, volveríamos al idealismo alemán, al platonismo griego, tan denostado por la modernidad, tan añorado por Heidegger.

Trascendencia en Whitehead

Jueves, 14 marzo a las 12:02:06

la paz es posible, Heidegger, Nietzsche
¿Qué hay de trascendente en el ser humano? 
Si por trascendente entendemos lo más importante, lo que está más allá de nuestros alcance, incluimos en este concepto el misterio, lo desconocido y el sueño. Inmanentes, en cambio, serían las fuerzas que encierran las partículas de la materia, que, según Whitehead, vendría reducida a un fluido de fuerzas. El modelo de partículas atómicas con sus electrones girando sin cesar es una abstracción. Dice este matemático que no habría una línea que en definitiva separara los cuerpos de su naturaleza circundante; sino una continuidad entre la materia y el espíritu, entre la conciencia y la psique. Todo fluiría en un maravilloso contínuo de fuerzas con forma de materia y de vacío en los lugares menos densos. Una sola substancia en el inmenso mar del universo, un todo orgánico en el que lo concreto influye en el todo, porque todo es uno. Trascendente resultaría la conciencia de esta unión de materia y espíritu o de de esta inclusión de lo infinito en lo finito, del océano en la gota, de lo inmortal en lo perecedero.
Paradógicamente, hablar de trascendencia sería un espejismo; la ilusión de quien ha perdido de vista el recuerdo de sí mismo y proyecta su propia realidad fuera del presente. Pues en el presente reina la eternidad de ese eterno retorno que nos lleva a replantearnos nuestra relación con este momento de ahora (Nietzsche).
¿Qué hay de trascendente en el ser humano? No lo que pensamos, no lo que hacemos en la vida, ni lo que creemos o nos hayan dicho; más bien la vida misma y nuestra manera de recrearnos en el ser.
Pensar en lo trascendente supone vivir en la humildad de nuestra mentira o de nuestra nada; aceptar con otros muchos la posibilidad de alcanzar la vivencia del ser, y que nuestro momento está por llegar sin perder una esperanza que resulta difícil de recuperar, para no terminar muriendo ante un Dios ausente (Heidegger).
(Para mis compañeros de la radio)