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Artículos Viejos
¿QUIERES DISFRUTAR DEL SER O SOLO PENSAR EN ELLO?

EL SENTIRSE BIEN CON UNO MISMO PODRÍA DAR UN SENTIDO A NUESTRA EXISTENCIA.
¿Qué camino natural utilizar para acercarse a uno mismo cuando lo que creemos que somos son solo vivencias y recuerdos, aparte de lo que otros nos cuentan sobre lo que debemos ser? El recurso que proponemos para conocernos realmente es dirigir la atención hacia nuestro interior. ¿Cómo sacarle provecho a cada aliento? 
Necesitamos vivir el momento de forma absoluta sin pensar en otra cosa que no sea el presente. No existen ni el pasado ni el futuro. Como dijo  Platón: "El presente es una imagen movible de la eternidad".
Otro recurso es la VOLUNTAD. Con paciencia todo se alcanza. En Materiales encontrarás vídeos para centrar la atención y aprender a mirar dentro de ti mismo. No hace falta creer en las opiniones de nadie. Mira, siente y respira, más un poco de paciencia. Esas son las claves. Luego, saca conclusiones, sin prisa. Este puede ser el momento de estar con uno mismo.     
También puedes leer: comosentirlapaz.blogspot.com

Heidegger y el retorno al ser

Martes, 28 mayo a las 17:49:05

lapazesposible, ser y tiempo, heidegger Heidegger (s.XX). 
El gran defensor de la vuelta al ser, Heidegger, nos llama la atención sobre el problema estrella de todo filosofar: el sentido de la existencia. Sin embargo, esta vuelta al ser no parece tal olvido si cada cosa es producto de un primer impulso, si cada cosa continúa en el tiempo y si es capaz cada cosa de cumplir el diseño natural que marca su existencia como un destino. Tres pues, serían las formas de manifestarse ese ser desconocido: el impetus para surgir a la vida, el conatus de Espinoza o resistencia a desaparecer, y el sentido final en el que todo termina como un software incorporado que nos mueve a buscar la dicha. 
Por otro lado, convertir al devenir en realidad primordial como propuso Nietzsche supone incluir a Dios en la materia, que ya condenó el dogma cristiano en 1277 con la reprobación de Aristóteles . Mas esto, sería nuestra salvación, en el pensamiento de Heidegger, el acceso a un ser cercano, a ese principio que “...gobierna las cosas por medio de todas las cosas” (Heráclito). Y de esta forma alcanzar, nosotros los mortales, unas gotitas de sabiduría. Aunque “la pequeña sabiduría es como el agua en un vaso; y la gran sabiduría es como el agua en el mar” (Tagore). Esta es la ventana a la que nos invita Heidegger; el entorno oscuro, misterioso e impenetrable del mar que nos rodea; la existencia que puede ser dulce o amarga; lo extraordinario que nos envuelve, el daimónios griego que por arriba viven los dioses y por abajo mora la muerte. De él surge el daimon o dios personal que el cristianismo lo bautizó como un “demonio” más. 
 ¿Y qué vías nos propone Heidegger para experimentar el ser? - La necesaria filología de los conceptos originales no nos permite dar el salto del pensar al sentir, y la razón poética del “claro del bosque” no dio sus frutos en Nóvalis, Rilke ni Hölderlin. Así pues concluyó este patriarca del existencialismo, Heidegger: “Hemos llegado demasiado tarde para los diosos y demasiado pronto para el ser”.

Nietzsche, el transformista

Lunes, 29 abril a las 13:21:27

lapazesposible, voluntad, nietzsche Nietzsche (ver vídeo), maestro del devenir. 1844-1900. Cincuenta y seis años repartidos entre una difícil infancia y una intensa actividad académica. Solo al final de su vida es reconocida su original filosofía, que recupera el pensamiento presocrático de Heráclito. A la metafísica tradicional del ser opone la metafísica del devenir, a la que brinda más realidad. La vida en su desarrollo y cambio permanente viene a ser el centro de su obra (La voluntad de poder). 
Con un estilo mordiente, ácrata, rupturista y a menudo despiadado, rompe con lo tradición filosófica proponiendo una transvaloración de todos los valores. Una inversión que trastoca los valores cristianizados de la filosofía griega. Ser y devenir, con lo que subyace tras estos términos de permanencia ideal y cambio incesante de la vida, forman dos caras de una misma moneda: la vida instintiva en el constante fluir del tiempo frente a lo que no cambia en la naturaleza. La vida muestra su diversidad en los seres, variaciones de especies, inmersión en el tiempo presente ya que el tiempo pasado es una grabación y el tiempo futuro, lo que proyectamos del pasado. Pero no hay estabilidad posible en un eterno presente distinto en cada momento. Este presente único se convierte así en un demonio que lo devora todo y todo lo destruye, volatilizando hasta la huella vacía que deja el tiempo en nuestras manos. La nada sustituye al ser, esa fuerza original que da consistencia a las cosas y las mantiene existiendo. Así pues, en un intento de aplacar a ese monstruo nihilista, Nietzsche trata de “imprimir al devenir el carácter del ser”. Se le da de esta forma cierta durabilidad a lo que nos rodea, y esta permanencia aparente permite crear una verdad transitoria que nos sirva para manejarnos en este mundo. Si no podemos conocer la verdad de las cosas por los sentidos, aún menos en un mundo en el que todo cambia constantemente. Y en la misma línea que Heráclito, la verdad de las cosas es lo que se nos muestra de ellas, una imagen de los sentidos, una ilusión, fantasía (φαντασία). 
A modo de conclusión, no podemos entendernos desde la diferencia sino desde lo que tenemos en común. Necesitamos el ser. Quizás el encanto de la diferencia consista en superar lo diferente nadando en el presente único y visualizando lo que dormita en él. De esta forma, podría hacerse realidad el eterno retorno de “lo mismo”; y así retener eso mismo: la huella y el perfume del ser.

El eterno retornar de la vida

Viernes, 19 abril a las 13:59:08

lapazesposible, voluntad, nietzscheLa voluntad de poder o el poder de la vida. 
Zubiri daba al ser el valor de una abstracción, lo consideraba una realidad ideal. Y tomaba a las cosas que pululan en el incesante caos del devenir como verdades sólidas. Nuestra realidad son las cosas, decía. Pero lo que se ve no es todo lo que hay, dice nuestro sentido común. Y pese a muchos empiristas que declinan la realidad del ser como un principio de las cosas, la existencia del big bang nos sitúa ante el origen mismo de tal primer principio. Y si entendemos “de-venir” como venir de algo, solo nos queda situar el concepto del ser más allá del inicial horizonte de sucesos que representa el big bang. Siendo el mundo una realidad, ninguna abstracción es capaz de generar realidades físicas.  

Algunos han llamado a este hipotético principio: ser, fuerza o voluntad; sin acertar a situarlo dentro o fuera del mundo, junto o sobre las cosas, estático o dinámico. Siguiendo este razonar, tenemos un principio activo (Leibniz), con poder de generar las cosas o Voluntad de poder (Nietzsche) que se derrama en la pluralidad de seres similares en algo a dicho principio, pero carentes de todo el poder de su fuente original. Se da así pie a considerar el bien y el mal como una semilla y una carencia respectivamente. Que tal voluntad de poder resida en la naturaleza generando cambios, produciendo seres nuevos y distintos no impide el considerar esta fuerza como algo permanente y eterno, atributos del ser en la filosofía clásica. Y en este eterno retorno de la fuerza florece la vida con su delicadeza, se acrecienta en sus nichos alimentado, exhibe, en la consistencia con que duran las cosas en el tiempo, su delicadeza, su amor escondido: la sed por retornar al origen o “entelequia” (Aristóteles). 
Es en este humus de consideraciones que busca el sentido a la vida el existencialismo, sin olvidar el ser, sin renunciar al caos, considerando las posibilidades desde los propios límites, como la capacidad de una vasija se conoce al llenarla hasta el mismo borde. Todo un “resurrexit” en este viernes santo. 

Lo que la diferencia esconde

Jueves, 11 abril a las 12:29:54

prem rawat, Nietzsche, Leibniz, Sartre, Whitehead, filosofía, la diferencia
¿Qué encanto oculta la diferencia?
¿Por qué nos lleva la naturaleza a ser diferentes cuando lo que nos sienta mejor es el amor? ¿Podríamos, explorando la diferencia de seres, entender nuestra relación con la unidad del origen? Si el Primer principio, dado que existe lo que nos rodea, es activo (Leibniz), su capacidad de generar seres diferentes ha de ser tan eterna como el principio mismo. Por tanto, el pensamiento del ser y el devenir de las cosas han de corresponderse: devenir y ser han de ser uno y lo mismo. Pues no podemos olvidarnos del ser sin perder el mundo del devenir (Nietzsche). Es decir, que la pluralidad conlleva la noción de unidad del mismo modo que la ausencia de algo supone que, de alguna forma, se conoce lo que está ausente. Porque en las cosas se oculta el motor, la fuerza de lo imponderable; que de forma innata nos lleva a sospechar de su existencia. 
Y ahora nos preguntamos, ¿cómo íbamos a ver lo diferente como inefable si no viniera sazonado con el don del misterio o el asombro del despertar? Pero no despertar para luego dormir mejor en el fijo trasiego de la vida. Esa no sería una buena opción ante el encanto de vivir el presente continuo; que, inefable en su plenitud, solo se da a conocer a quien está dispuesto a olvidarse de sí mismo. ¿Pues entonces, a qué hemos venido -se preguntará el dormilón de sueños-, si esto es muy entretenido, viendo cosas siempre distintas, sucesos siempre nuevos, nadando en los cambios de la noria del tiempo? Sí, mas el devenir distrae hasta colmarse así mismo de hastío y aburrimiento (Sartre). Curiosamente, al percibir la náusea estamos a salvo de ser solo náusea. Ha de ser sentida desde otra cosa, desde otro estado de ánimo, desde algo más. 
Creemos que solo el misterio es capaz de despertarnos y con su asombro llenar el vacío de lo temporal. Por ende, la cosas, para ser inefables, deberían ser contempladas en su consistencia y en su novedad, en un presente siempre nuevo, siempre diferente y ¿por qué no?, siempre divino, excelso en sí mismo. ¡Qué juego tan grandioso nos espera!, el olvidase de uno mismo con el esfuerzo de la voluntad para reencontrarnos en un universo que no es el mío. En los límites del yo reside el ser, que diría Whitehead. Y entonces, como en el amor y en el saber, no anidará el temor a que retorne el devenir con su vacío y hastío; porque con su vuelta, se volverá a manifestar lo nuevo; así se presenciará el continuo encanto de vivir el presente eterno.

Las diferencias dividen

Viernes, 29 marzo a las 11:47:14

prem, filosofía, la diferencia, Heidegger, Nietzsche
Reflexión sobre la diversidad y la diferencia. 
Diversidad se entiende como diferencia, como lo dispar y complejo que se muestran los seres en su multiplicidad. Siendo estos muchos en número, lo asombroso es que son todos diferentes. Pero no absolutamente distintos de los más cercanos, pues los descendientes lo tienen casi todo de sus progenitores. No hay dos orquídeas idénticas, ni dos planetas iguales. Lo que nos separa de nuestros congéneres es insignificante, lo suficiente para mostrar que esa mínima diferencia solo es posible desde la unidad que los engendra. Sin embargo, al ser lo esencial lo que menos se hace notar, el devenir nos arrastra al olvido del ser (Heidegger). 
¿Solo nos fijamos en lo diferente como forma de subsistencia o es la diferencia nuestra forma de ser? ¿Y qué nos enseña la diferencia como núcleo de la diversidad? ¿De dónde surge la diferenciación en las especies? 
Viendo que hay seres que no han evolucionado en millones de años y otros que sí lo han hecho, podríamos pensar que la diferencia que se muestra en la diversidad es consecuencia de la adaptación de los seres al medio físico. Por ende, el objetivo de la naturaleza no es la variación sino la supervivencia. Pero, sobrevivir, ¿para qué? Que la naturaleza no conozca la causa final o ignore su tremenda capacidad de generar seres, no nos impide admirar su belleza ni disfrutar del encanto de estar ahora en este mundo (Nietzsche). Estamos capacitados para conocer, disfrutar y sentir nuestros propios límites. Quizá este ir-más-allá de un mismo, a lo que menos se hace notar, sea la forma de volver-a uno-mismo, “siempre que seamos capaces de pensar el ser y de superar el olvido del ser”, en palabras de Heidegger. Esta puede ser la clave: pensar el ser y/para no dejar de ser.